Vanesa Robles

Escritora orgullosa de ser una mexicana morena. Durante varios meses, ella tuvo una troll particular, en una columna de crónicas de un diario de Guadalajara. Un día, desapareció. Vanesa no estaba acostumbrada a los trolls. Es periodista freelance y, en sus ratos libres, cuidadora de plantas. Dentro de su apariencia sarcástica se esconde su lado cursi: sus premios más apreciados son sus hijos Camila y Matías.

Vanesa está orgullosa de ser una mexicana morena y, aunque casi cumple cuarenta y siete años, le gusta salir de vez en cuando y regresarse noche a su casa, en un coche de alquiler. No le gustan los trolls. Le caen bien gordos, sobre todo cuando no dicen su verdadero nombre. Durante varios meses, ella tuvo una troll particular, en una columna de crónicas de un diario de Guadalajara. Su enemiga anónima criticaba todo, todo, todo lo que Vanesa escribía —a lo mejor era enemigo—. Un día, desapareció. Vanesa no estaba acostumbrada a los trolls. Nació en 1973, antes, mucho antes que Facebook, Instagram y Youtube. Antes de que el internet estuviera al alcance de las personas comunes. Se nota: no sabe cómo abrir en Facebook un evento al que la invitaron; se tarda horas en subir una historia a Instagram, y le choca que le manden mensajes por WhatsApp: todos los días le reclaman que no contesta. Ella se justifica. Prefiere hablar de frente con las personas, salir a escuchar, oler, mirar su ciudad… Quizás es así porque le gusta escribir crónicas, que son piezas periodísticas relatadas como si fueran cuentos. Estudió Ciencias de la Comunicación en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) y casi al mismo tiempo, en 1991, empezó a trabajar en medios de comunicación tradicionales y en línea. Por su trabajo recibió los premios Jalisco de Periodismo en 1998, 2001, 2008 y 2013; el Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, en 2000 y el de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano en 2002. Hoy, su trabajo principal consiste en enseñar periodismo en el ITESO, donde también da una clase de interculturalidad. Es periodista freelance y, en sus ratos libres, cuidadora de plantas. Dentro de su apariencia sarcástica se esconde su lado cursi: sus premios más apreciados son sus hijos Camila y Matías.